Ampliación de las Instalaciones

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El pequeño diablo Fragus, con sus habituales calzones blancos como único atuendo, acudía raudo hacia el lugar donde le había citado el Gran Jefe. El asunto parecía urgente; lo más aconsejable en estos casos era no poner a prueba la paciencia, ya escasa en condiciones normales, del Supremo Jefe de los Infiernos.

Fragus era un humilde funcionario. Sus tareas en aquella enorme multinacional pertenecían a la índole administrativa. Por tanto, rara era la vez que su presencia era requerida con urgencia, y más rara aún que fuera solicitado por el Gran Jefe. Sin embargo, había sido personalmente Lucy, Su fiel siervo (y dicen las malas lenguas -abundantes en Avernos, S.A., incluso más que en cualquier oficina que se precie- Su súcubo) quien le había telefoneado.

Lucy (como habrán adivinado, hipocorístico de Lucifer) le estaba esperando en la puerta del despacho. Aquella mañana se había decor... pintado los labios con un carmín tan intenso que destacaba incluso sobre su piel atomatada. El Rimmel(c) de sus ojos también era digno del persianista más osado. Lucy no le invitó a entrar en el despacho; más bien le empujó en su interior.

Y allí estaba Él. Era su primer encuentro personal. Tantas noches adorando el póster de Su Efigie que presidía su dormitorio, deleitándose con los anuncios de cuchillas de afeitar que protagonizaba, desayunando con los cereales en los cuales habían logrado insertar en la incómoda caja esa misma Efigie... Satán siempre había mostrado una predilección especial por las incomodidades de la cajas de cereales; al fin y al cabo, como los plásticos protectores de los CD's, había sido invención Suya.

A Fragus le temblaban las piernas. Apenas medía poco más de metro y medio y se hallaba ante una Mole de casi tres metros. La visión de las Sagradas Rodillas de Satán le impresionaba. Por eso no se atrevía a alzar la mirada, por lo que pudiera encontrar más allá de las Sagradas Rodillas. Malditos rumores de Avernos, S.A....

Por fin el Gran Jefe le saludó. Con un salto visual descomunal, Fragus le devolvió el saludo y dirigió su mirada hacia Sus Ojos, enormes como pelotas de baloncesto. Le reconfortó el asegurarse de que aquellas bolas de básquet eran Sus Ojos. Tras cruzarse las miradas, encontronazo donde las pelotitas de ping-pong de Fragus casi salen despedidas, Satán procedió a exponerle el asunto por el cual había solicitado su presencia.

-Fragus, el Infierno se nos está quedando pequeño. Demasiadas almas para demasiado poco espacio. Los Incineradores no dan abasto y las reservas de combustible que hacen mantener vivo el fuego se están agotando. La mano de obra nos sale barata, es cierto, pero nos falta materia prima. Nuestras limitaciones no son temporales, bien lo sabes, pero tenemos serias restricciones espaciales.

-Lo sé, Alteza, llevamos meses viviendo, valga la paradoja, al límite. En ocasiones ya no sabemos qué hacer. Incluso hemos tenido que denegar la entrada a Pinochet, Castro y Di Stéfano, quienes llevan lustros pidiendo su ingreso en nuestra Ilustre Sede.

-Debemos buscar una solución, mi querido Fragus. Mis espías me han remitido informes de que en el Cielo, San Pedro posee unas parcelitas que apenas usa y que están tristemente desocupadas. Allí podríamos ubicar los nuevos fichajes, incluso nos quedaría espacio para que Haro Tecglen y Campmany pudieran jugar sus partiditas de mus. Estoy un poco harto de oir sus exabruptos mientras me tomo el vermut, y así los tendría lejos.

-Con el debido respeto, Majestad... me está sugiriendo que adquiera esas parcelas a Paraísos, S.A.?

-Por que no? Es importante que no muestres excesivo interés, porque si detectan nuestras necesidades, nos lo pondrán más caro de lo debido. Y no puedo volver a romper mi hucha de cerdito.

Fragus asintió y, tras consumar la protocolaria reverencia, salió cabizbajo de la estancia. Comprar terrenos sembrados de arpas y nubes de algodón al usurero de San Pedro... menuda faena.

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¿Piensa usted convertir esto en un serial? Porque la idea es buena, es divertido y huega decir que me gusta su prosa. Lo que no sé es de dónde habrá sacado la idea de Haro y Jaime jugando al mus...

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